La dieta mediterránea es un modelo de alimentación que ha sido reconocido por la comunidad científica internacional como un patrón alimentario de los más saludables y equilibrados del mundo. Basado en la trilogía del trigo, la viña y el olivo, ofrece una variedad de productos muy importante que permite combinar el placer de la mesa con el equilibrio nutricional y cultural.
Numerosos estudios de diferentes países han puesto de manifiesto el papel de la dieta mediterránea en la prevención de dolencias como los trastornos cardiovasculares, la diabetes o los diferentes tipos de cáncer, entre otros. Incluso, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultura Inmaterial de la Humanidad, declaró en noviembre del 2010, la dieta mediterránea, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Entre las muchas propiedades beneficiosas para la salud de este patrón alimentario, se puede destacar el tipo de grasa que lo caracteriza (aceite de oliva, pescados y frutos secos), las proporciones en los nutrientes principales que guardan sus recetas (cereales y vegetales como base de los platos y carnes o similares como “guarnición”) y la riqueza en micronutrientes que contiene, fruto de la utilización de verduras de temporada, hierbas aromáticas y condimentos.

Consejos:
1.Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición.

2. Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres, champiñones y frutos secos

3. El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y especialmente sus productos integrales) tendrían que formar parte de la alimentación diaria.

4. Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada son los más adecuados.

5. Consumir diariamente productos lácticos, principalmente yogur y quesos.

6. La carne roja se tendría que consumir con moderación y si puede ser como parte de guisos y otras recetas, y las carnes procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos.

7. Consumir pez en abundancia y huevos con moderación.


8. La fruta fresca tendría que ser los postres habituales. Los dulces y pasteles tendrían que consumirse ocasionalmente.

9. El agua es la bebida por excelencia de la dieta mediterránea. El vino se debe tomar con moderación y durante las comidas.


10. Realizar actividad física todos los días, puesto que es tan importante como comer adecuadamente.

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